Qué fácil es hacer leña del árbol caído.
Ahora resulta que en Japón son unos negligentes de mierda por tener sus centrales nucleares (al parecer más de 50) manga por hombro. Antes resulta que eran la pera limonera en persona. Trabajadores, eficientes, honrados, serios, responsables, lo más... Ahora parece que son la república bananera del sol naciente.
Y los amos del mundo (lease los americanos) preocupados por si la radiación llega a Hawaii, no se les vayan a joder las vacaciones con granny, grandpa and the kids...
Y los amos del mundo (lease los americanos) preocupados por si la radiación llega a Hawaii, no se les vayan a joder las vacaciones con granny, grandpa and the kids...
Cómo somos, Cómo nos gusta ver caer a los grandes. Bueno, a los grandes, los medianos y los pequeños.
Ya no importa el terremoto y el tsunami (dicen que el más gordo de la historia del mundo mundial), ahora es que tenían aquello sin barrer... y por eso todo lo demás.
La gente, tan solidaria desde su casa, ya empieza a preocuparse de verdad. A mirar en el mapa cuan lejos queda de su domicilio habitual o de vacaciones el Japón y calculando con consultas a la AEMET la posibilidad de que nos llegue la radiación si el viento sopla de levante. O si el Nissan Cherry o el Toyota Camry se van a quedar sin repuestos. Si el Subaru edición Colin McRae va a llegar a tiempo para bacilar a tu cuñado en la comunión de Enriquito.
Así nos luce el pelo.
Esos tertulianos con el rollo de "ya lo decía yo, que la energía nuclear es mala, yo de la que gasto en mi casa es eléctrica, de toda la vida, que viene de fuentes renovables, que me lo pone la factura". Si, por mis cojones.
Mientras la nuclear nos sale por dos duros y nos mantiene calentitos, de puta madre.
Eso si, la ley del embudo, en este mundo occidental de caramelo que nos hemos montados no queremos oír hablar de malas consecuencias. Esa no es nuestra realidad. Eso queda para negros, amarillos y otros colores diversos que no incluyan el blanco ni en su composición ni en sus ingredientes.
Mientras la nuclear nos sale por dos duros y nos mantiene calentitos, de puta madre.
Eso si, la ley del embudo, en este mundo occidental de caramelo que nos hemos montados no queremos oír hablar de malas consecuencias. Esa no es nuestra realidad. Eso queda para negros, amarillos y otros colores diversos que no incluyan el blanco ni en su composición ni en sus ingredientes.
Cualquier día nos extinguimos, y nos lo habremos ganado a pulso, milímetro a milímetro.
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