Madre mía (que en gloria esté) que malo es Gadafi, ¡queeee malooo!. Me se ponen los pelos como escarpias de lo malo que es.
Lo cojonudo es que nos enteramos ahora. Cuando venía a plantar la jaima en el jardín de donde se le antojara era un instrumento de control del terrorismo. Un cachondo el tío, tan pintoresco, con su rollo beduino, con sus enfermeras ucranianas (se lo juro, creo que en número de seis), sus 40 vírgenes entrenadas para matar (copien, para los guiones de 007), su camello (no me interpreten mal, un animal jorobado) , todo para sentirse como en casa. Un cromo, oiga.
Ahora es malo, pero malo de cojones, un malo de esos correosos de película, con gafas de espejo, bastante piradete y tal, de los que siempre te dan un susto en la penúltima escena, cuando ya creías que había palmao. De libro.
Antes no era malo, era nuestro hijo de puta (ya saben, "es un hijo puta, pero es nuestro hijo puta" que dicen los gringos). Ahora no podemos ocultar que como otros solemnes hijos de varios padres desconocidos y primos entre si, no hay quien los sostenga. Que el pueblo suele tener bastante con 40 años de dictadura (y si no que nos pregunten a nosotros).
Pero, ¿qué dirán ahora a sus nietos todos aquellos que daban palmas a Mubarak, que se las dieron a Milosevic, o a todo aquel que tocara poder o petroleo?. "Son cosas de la política" supongo.
Pues que se vayan poniendo las pilas, que ya han visto que la gente está hasta los órganos sexuales de la política de mierda esclava de los mercados, el apoltronamiento en el poder y el culto al petroleo. Que el miedo a que el terrorismo se expanda no es disculpa para palmear en la chepa a ningún terrorista por mucho que sea "nuestro hijo puta".
Pero así vivimos, así lo mamamos y así se lo vamos a dejar a las futuras generaciones. Negro sobre blanco.
Yo creí que el Siglo XXI iba a ser otra cosa...
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