Dentro de nada son las elecciones locales y autonómicas.
No me voy a reir tanto desde que Benny Hill perseguía al calvo dándole palmaditas en la cabeza. Si algo es más lamentable que el show del británico con evidente sobrepeso es la política actual. Elegir entre los malos y los peores es como ir a comprarte un coche y que solo los hubiera o hubiese a pedales. Por más que te esfuerzes no llegarás muy lejos.
Lo triste es que nos ponen a todos en la tesitura de ser nefastos demócratas y pasar olímpicamente (esto es, cada cuatro años) de ir a votar. Y a mi me gusta votar, más que nada porque es gratis y tiene un puntito de vengaza miserable.
Así que ya estoy echando humo pensando si votar al Partido del Amor libre, a los Legionarios de Cristo, a la Unión de Panaderos del Páramo o impulsar nuevas acciones democráticas creando un partido racista, fascista y comunista basado en los shows del Tricicle, las actuaciones de Miguel Gila y el humor de Faemino y Cansado.
Sería genial. La legislatura se daría un aire a un episodio del show de José Mota, pero al menos mis colegas y yo lo pasaríamos teta.
En fin, si me animo ya convocaré una recogida de firmas, estén atentos.