viernes, 3 de junio de 2011

Operación Bikini

Me sobran 7 kilos, por lo menos, aunque soy de hueso grande (ya saben, hay huesos S, M, L, XL, XXL y luego ya Colosales). Esta circunstancia aunque me jode, no me quita el sueño, ni a mi ni a mi médico. Pero si a miles de revistas del mundo entero que me recomiendan millones de dietas cojonudas donde pierdes esa cantidad sin pasar hambre ni nada y en un tiempo record entre dos semanas y quince días.
Para todos ellos tengo una respuesta: 
Si. 
Si por los cojones. 
Pasas más hambre que el perro del afilador, que comía las chispas para comer caliente. Olvídate del vinito, del choricito, y de muchos otros-itos y -azos... 
Si de verdad quieres adelgazar, aparte de no desayunar bocadillo de cachopo, no mojar la pizza en la coca-cola y no echarle mayonesa a los garbanzos, es fundamental hacer ejercicio hasta que te salga por los ojos.
Por mucha dieta que hagas, además de sufrir, te vas a quedar con el culo como una rotonda. Comer menos y equilibrado es cojonudo, pero como no corras, saltes y sudes hasta echar los higadillos, de poco te va a servir.
Así que apúntate al gimnasio y vete (lo de ir es fundamental, te lo juro). Corre como si te persiguiera la policía. Pedalea hasta que te parezca que Contador es un drogadicto y un aficionado. Nada como para cruzar el estrecho tres veces y ríete de David Meca.
O haz las dietas que no está probado que adelgacen, pero te lo pasas pipa. La dieta del cucurucho (ya sabes, comer poco y follar mucho). La de Andrés (un polvito del derecho y otro del revés). La de Guido (lo mismo que el cucurucho, pero todo seguido) y todas esas tan graciosas que atesora el imaginario colectivo y la sabiduría popular.
Y olvídate de Cosmopolitan y Men´s Health...

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