Pues me toca los huevos.
La gente que se escuda en esa frase que da título a esta entrada suele utilizar esto como disculpa como si fuera una virtud similar a saber hacer pajaritas con la zurda y tocar el violín con la diestra mientras se toma con pajita un granizado de limón.
Alguien debería decirles que no es algo bueno, no hay que ponerlo en el curriculum y sólo te reportará buenos resultados si participas en Gran Hermano.
Normalmente esta gente suele utilizar esa frase para decir algo sumamente ofensivo que nadie le ha prenguntado, resultando de paso un petardo insufrible, amén de un tocapelotas de cuidado.
Se suelen olvidar también del hecho de que vivir en sociedad requiere muchas cosas, entre otras utilizar un filtro para que no te partan la cara y todo el mundo te quiera incluir en la lista de los 10 criminales más buscados por la Interpol. Este filtro supone no llamar a los subnormales así, ni a los paralíticos, ni a los enanos, ni a los viejos, ni a los gordos, ni a mucha otra gente de mal vivir.
Para vivir relativamente tranquilo es conveniente ocultar nuestros verdaderos sentimientos (si no fuera así yo, personalmente y sin delegar en nadie, ya habría matado a mi vecino de abajo hace tiempo, y a otros antes. en colas o ventanilllas o sin venir a cuento) o al menos disfrazarlos un poquito para no resultar ofensivos todo el día (ya por la noche es otra cosa).
Así que si alguien, sin pensarlo dos veces, quiere decirme algo a la cara, tiene dos opciones:
O pensárselo dos veces y decírmelo como si fuera discapacitado psíquico, físico, de talla pequeña, de la tercera edad y con sobrepeso.
O decírmelo a la espalda, que ya se sabe el dicho: Si me vas a dar una puñalada, no me la des en el pecho, dámela en el culo que tengo el agujero hecho...
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