domingo, 17 de marzo de 2013

Te veo hace un año y no sabías mi nombre...

Hace ya un año el miedo a la realidad y mi falta de sensibilidad (no sentía nada) me hizo dejar de publicar.
Me pasé un año plastificado, a ver si todo me resbalaba.
Estuve bajo mi cama, tapado con una manta.
Y ahora, 400 días más tarde todo sigue igual.
El mundo no terminó.
La crisis no terminó.
La guerra sigue en algún sitio, y a mí no me importa porque el telediario no me salpica.
Las libertades empiezan a ser un extra en la lista de accesorios no de serie, si tienes dinero para pagarlas.
La gente se divide entre corruptos y los que no tienen opción de serlo.
En la tele, los noticiarios abren anunciando que nieva en invierno y las carreteras se colapsan.
Los periódicos siguen disparando a quien les dicen. Las cortinas de humo están al orden del día.
Rajoy nos llama imbéciles a la cara y eso cuando sale en persona.
En ocasiones delega en otras para que lo hagan por él.
Vamos a trabajar toda la puta vida y a veces hasta cobrando y todo...
Es importante no pensar, no criticar, no tomar decisiones, no enfrentarse a nada.
Obedecer, callar.
Los monos de Gibraltar reemplazan al escudo en la bandera.
No ver, no oir, no hablar.
El Papa es el único que tiene la decencia de dimitir.
Nadie se moja.
Los únicos que se tiran a la piscina son los cutre-famosos, pero sin aliciente. 
No hay tiburones, ni pirañas, ni un triste cocodrilo como en Peter Pan...
Y todo esto me quita las ganas de escribir, de comer jamón del bueno y beber vino cosechero.
De ver películas en blanco y negro, de escuchar Jazz por que sí.
Sin embargo y lamentablemente mi acceso a la dinamita está muy restringido.
Podemos dormir tranquilos.